Ted Bundy: Durmiendo con el asesino
Hay una sensación de vacío cuando se termina Ted Bundy: durmiendo con el asesino, un título más acertado que el original en inglés que podría traducirse como “extremadamente cruel, escandalosamente malvado y vil”, que es a todas luces engañoso mientras que el otro, como suele ocurrir, alude de qué va la historia.
Precisamente es sobre Ted Bundy, un conocido asesino serial que mantuvo asoladas a las mujeres estadounidenses en los años setenta. Pero no se trata de una recapitulación ni recreación de sus sádicos crímenes y ni siquiera de una biopic que explore las motivaciones de una vida de tormentos o su enfermiza megalomanía.
El cineasta Joe Berlinger y el guionista Michael Werwie optaron por darle un giro diferente al ver al personaje de Bundy desde la perspectiva de Liz, su pareja, de muchos años, y de todos aquellos que no se dieron cuenta que convivían con un violento asesino en una probable búsqueda de mostrar el carisma y talento de Bundy para ocultar su naturaleza. Sin embargo, aquí es donde la cinta se regodea en su vacuidad, pues las atrocidades cometidas por Bundy son casi de dominio público y optar por esta narrativa no fue la selección más afortunada.
“Oh, sí. El pasado puede doler”, dice Rafiki en uno de los momentos más hermosos de El rey león(1994). “Pero según lo veo puedes o huir de él o puedes aprender”. A lo largo de nuestra historia cinematográfica –particularmente de forma reciente– ha sido común reinterpretar historias ya contadas. Los resultados a veces han sido sumamente positivos –como lo hecho por Michael Haneke con sus dos versiones de Funny Games (1997 y 2007)– pero también han habido casos donde el esfuerzo ha resultado en algo desastroso.
En 1998, a Gus Van Sant se le ocurrió la brillante idea de hacer un remake cuadro por cuadro de Psicosis. Según él, la idea era homenajear al gran clásico de Alfred Hitchcock de 1960 aplicándole toda la tecnología disponible en aquel momento. El resultado, evidentemente, fue espantoso. Y tanto el público como la crítica coincidieron en algo: más allá de la osadía de haber abordado un clásico cinematográfico intocable, hay historias tan bien hechas que lo único que queda es explorar otras perspectivas; tomar caminos distintos. Si Hitchcock hubiera hecho un remake de Psicosis, no hubiera hecho la misma película que ya había filmado.
Luego de un atropellado inicio, la obstinada etapa de Disney por rehacer todos sus clásicos animados en live action parece que ha tomado en serio la sabiduría de Rafiki. No han logrado, desde luego, entregar un remake sorprendente y que supere a su predecesor animado. Pero El libro de la selva ha sido, hasta ahora, algo de lo mejor que se ha hecho. Contra todo pronóstico, Jon Favreau sorprendió a propios y extraños en 2016 cuando logró hacer una película que se alejaba un poco de ese “elemento Disney” para expandir un poco más la historia ya contada y acercarnos ligeramente al material original escrito por Rudyard Kipling en 1894.